25 enero 2016

Plaza Conde de Barajas

  La plaza Conde de Barajas (no sé si ahora habrán cambiado el nombre por plaza Adolfo Suárez, vaya chiste más malo) en pleno corazón del Madrid de los Austrias, es el Montmartre madrileño, aunque podríamos decir que es el aprendiz, porque todavía no tiene ni su raíz ni su costumbre, pero ahí están sus pintores (no en la foto, claro), eso sí, sólo están los domingos, porque a diario o tienen otra faena o el ayuntamiento no les deja, siento no dar más información pero es que no estoy muy enterado al respecto, algún domingo que pase por allí lo pregunto.

  Esta es un de las plazas más bonitas y tranquilas de Madrid, de las pocas en las que todavía se respira un cierto aire de capital forjada a capa, pluma y espada. Plaza por la que todavía podríamos imaginar a Lope o Calderón en busca de alguna falda con un pico pardo adherido en su parte inferior, más a Lope que Calderón, este sería más de buscar alguna iglesia cercana donde poder rezar.

  Y hablando de picos pardos, un día estaba sentado en una terraza de esta plaza tomando unas cervezas con mi amiga Verónica, una amiga que en su día fue prostituta, pero que ya no lo era y ya no lo es, e incluso hasta se ha olvidado que algún día lo fue. A dos mesas de nosotros estaba una pareja, mujer y hombre, tomándose unos vinos. Verónica no dejaba de mirar al caballero y cuanto más le miraba, más nerviosa se ponía, él la miraba también, pero de manera más disimulada.

  La pareja de los vinos apenas se prestaba atención, estaban ahí como podían estar en cualquier otro sitio, en cualquier otro tiempo o con cualquier otra persona, si no fuera porque de vez en cuando cogían la copa de vino y se la acercaban a los labios, se podría decir que estaban posando para algún pintor figurativo, para los que cualquier movimiento o gesto de los retratados está absolutamente prohibido.

  Verónica conocía de algo a aquel hombre sentado con aquella mujer, ya lo había repetido dieciséis veces en el último cuarto de hora, le daba vueltas a la cabeza sin llegar a saber de qué le conocía, a mí ya me cansaba un poco el tema y no se me ocurrió otra cosa que decirle que se levantara y se lo preguntara. Sin perder un segundo Verónica se levantó y se fue directa a la mesa de la inerte pareja, yo no escuchaba lo que hablaban, sólo veía al hombre gesticular negando con la cabeza, ella miraba de manera indiferente tanto a él como a Verónica y a mí de refilón, a los cinco minutos Verónica volvió tal como se había ido, sin saber quién coño era el tipo ese que le tenía tan intrigada y negaba conocerla.

  Al cabo de un rato, la señora compañera del señor de la mesa que estaban tomándose unos vinos y destino de todas las miradas e inquietudes en ese momento de Verónica, se levantó y se dirigió al interior del bar, cuando estuvo dentro, el hombre, como un resorte y demostrando una agilidad insospechada hasta ese instante, se dirigió hacia nosotros, se paró delante de nuestra mesa, enfurecido me miró y dijo que si no me gustaba lo que iba a oír que me jodiera, después mirando a Verónica le dijo que dejara ya de molestarle, que sí que se conocían y ella se debía acordar perfectamente de él, ya que sus habilidades en la cama eran difícil de olvidar, hacía algún tiempo fue cliente suyo, pero eso se había terminado, además nos contó que la señora sentada a su lado era su mujer desde hacía más de veinte años y de la que estaba tremendamente enamorado. Después de un corto silencio, preguntó a Verónica por qué ya no la veía por el club en el que trabajaba, nosotros nos echamos a reír y el hombre se fue, y se fue en dirección contraria a la mesa que ocupaba, dirección salida de la plaza. La mujer salió del bar y al no ver a su marido se dirigió hacia nosotros, en ese momento, el marido se debió de acordar de que en su huida se había olvidado algo y volvió a entrar en la plaza casi a la carrera. La señora lo vio y caminó hacia él, al pasar a nuestro lado nos deseo buenas tardes, nosotros también a ella.

18 enero 2016

Hospital Clínico San Carlos

  Y diréis que pinta un hospital en un blog sobre Madrid, bueno pues porque también es parte de esta ciudad y una parte importante, además de ocupar un gran espacio físico dentro de la misma, no sólo este hospital, si no los cinco o seis grandes hospitales diseminados por Madrid capital. No tengo el dato, pero estoy seguro que por aquí se mueve más gente a diario que por cualquier otro recinto cerrado de la ciudad.

  ¿Y por qué he elegido esta foto? Evidentemente porque tampoco era plan sacar una foto misma del hospital y esta es una vista de lo que se puede ver desde un ala de El Clínico, como se lo conoce popularmente. Lo que se ve en la foto es el abominable Faro de Madrid y el Museo de América, pero no quiero hablar de esto, quiero hablar del hospital y de parte de la gente que se mueve por él.

  Este hospital es la institución sanitaria más antigua de Madrid, pero tampoco voy a extenderme más en el tema, ni en el de su antigua ubicación, ahora un afamado centro de arte y ni mucho menos voy a comentar que en la época que España estaba dominaba por un perverso dictador bajito, de mala leche y con bigote, no, no es Aznar, era otro bastante más malo y más calvo, a lo que iba y de lo que tampoco iba extenderme mucho, es que este hospital, ahora público en su totalidad, salvo cuando algún trampachano se rompe la cadera y  tienen que hacer alguna excepción, estaba dividido en dos secciones, una de uso privado y otra de uso público, con dos entradas bien diferenciadas. La entrada privada, hoy se denomina entrada A, está dotada de una grandilocuencia y frialdad que dan miedo, es propia de la época en que se construyó, que debió ser a finales de los años sesenta,  y creo que la han debido retocar lo justo, debe de ser para que aún conserve ese tufo a rancio propio de tiempos pasados, que ni de coña fueron mejores. Las otras entradas, las de uso público de antaño, no merecen mucha mención, pero recordar, que ahora se puede entrar a este hospital por donde se quiera y mejor se sepa, y si es posible, mejor que no sea por urgencias.

  Después de toda esta parafernalia voy a hablar de lo que realmente quería al hacer este post, que es, ni más ni menos, hablar de la gran solidaridad y valor que poseen las personas mayores cuando se desenvuelven sobre todo en ámbitos de este tipo, sean pacientes o visitantes. Cuando estás ingresado, son los primeros en irte a ver, y aunque estés a punto de palmarla, ellos siempre han estado peor que tú y te consuelan diciendo que no te preocupes, que eso no es nada y se pasará. Si tienes que tomar siete pastillas diarias, ellos se toman catorce como si cualquier cosa y te dan consejo sobre cómo gestionar la ingesta diaria de pastillas sin que se te pase ninguna y llevar la administración de las mismas. Si los ingresados son ellos, cuando vas e verlos, lo primero que haces tú es excusarte por lo ocupado que estás, pones cara de póker, con mala jugada, e intentas irte lo antes posible, ellos, en su cama, te reciben con gran alegría por haberte acordado de ir a visitarles, y haberte acordado de que incluso algún día hasta te dieron de mamar,  además, te animan para que te vayas pronto, porque claro, estás tremendamente ocupado.

  En las salas de espera siempre te dan conversación y te aleccionan sobre el doctor o doctora que te va a tratar, cuando llega tu turno ya conoces perfectamente el diagnostico que te harán, también, por supuesto, estás totalmente informado del expediente clínico de tu compañera de asiento, digo compañera, porque suelen ser ellas las que dominan estos aspectos,  ellos suelen ser más discretos, se limitan a dedicarte un “yo estoy muy mal”, que no da mucha información pero acojona bastante.

  Otro punto que tienen a su favor, es que conocen de manera exacta cómo llegar hasta el hospital desde cualquier punto de la geografía madrileña, nunca se pierden y siempre están a la hora señalada en su consulta, incluso antes, por si tienen que aleccionar a los novatos sobre cualquier tema relacionado con los vericuetos de un gran hospital como este, del que por motivos naturales, son los más asiduos visitantes.

  Si algún día, por cualquier motivo, tenéis que circular por este hospital, o cualquier otro, acordaros de que ellos siempre saben y han vivido más que nosotros, hacerles caso, y otra cosa, que cada uno ponga la línea roja (ahora tan de moda) de quién es mayor y quién no lo es.


Nota: Dedicado a todas las personas mayores que habitan en Madrid, bueno… también a las que habitan en cualquier lugar del mundo.

15 enero 2016

Plaza del Dos de Mayo

  No sé a quién de los dos le falta la espada, si es que es una espada lo que sostienen, si a Daoíz o a Velarde, supuestos líderes del levantamiento popular contra los franceses en 1808 más o menos, el caso es que este es un fiel reflejo de lo que pasa en Madrid, que parece que siempre falta algo, y la gente lo busca pero la mirada se pierde.

  La Plaza del Dos de Mayo, está en el barrio de Malasaña, un barrio que podía ser reflejo de ideas, bohemia, música, arte, cultura, espacios abiertos, espacios cerrados, todos teniendo un encanto especial, en su día algunos lo tuvieron, pero ahora casi ninguno lo tiene, por no hablar de calles y rincones, sucios y feos, que paradójicamente algunos definen como auténticos, yo no veo ninguna autenticidad en una meada en una esquina y tres litronas rotas en la otra. Sinceramente, con lo bonito que podía ser este barrio con una manita de pintura, no entiendo como lo tienen tan dejado, pero incluso así, merece la pena tomarse unas cervezas, un café o algún que otro whisky por allí.

  Cuando mi madre se cabrea conmigo dice que soy como el ungüento amarillo, que para todo se aplica pero para nada sirve, y en realidad así es un poco Madrid, que le falta un poco de definición en muchos de sus barrios tradicionales, como los de Malasaña, Vallecas, el barrio de las letras, el de los Austrias, Lavapiés, y algún que otro más, que creo necesitan un poco más de esencia y sustancia, que no se queden sólo en literatura, falta algo que realmente les haga únicos e irrenunciables, algo, que cuando pasees por sus calles sientas que te pertenecen, que has nacido y crecido en esas calles, no sé… algo que te haga sentir interiormente que esta es tu ciudad, mi ciudad y que estás unido a ella. Barrios cuidados y vivos que tienen las diferentes ciudades europeas que se precian de serlo y nombro algunos, Barrio Latino, Montmartre, Mitte, Soho, Covent Garden, Trastevere, Jordaan, por mencionar los más conocidos,  si estoy equivocado ustedes me corregirán. No cito barrios de ciudades españolas porque las comparaciones cercanas son más odiosas aún si cabe.

03 enero 2016

Calle de Alcalá

  La calle de Alcalá comienza en la Puerta del Sol y termina en… termina muy lejos, debe de ser de las calles más largas de Madrid. Tiene infinidad de edificios emblemáticos, por lo que es una de las calles en las que merece ir mirando hacia arriba, en lugar de hacerlo al frente o en dirección al suelo, opción esta no muy recomendable, salvo para ir esquivando los restos de todo tipo que pueblan los suelos de Madrid.

  Uno de los importantes edificios de esta calle es el Círculo de Bellas Artes, imponente edificio, en el que en su interior tienen cabida la mayoría de las disciplinas artísticas, incluida la de tomarse un café con estilo y pagado con más estilo aun, en su preciosa cafetería o en su espectacular azotea, espectacular sobre todo por la gran vista que tiene de Madrid.

  He de reconocer la importancia que esta institución tiene en el mundo del arte en la ciudad, pero me siembra alguna duda su carácter poco abierto y un tanto selectivo y que al ser un institución privada, evidentemente tiene poco margen de crítica. Echo de menos un espacio un poco más abierto y asequible, pero bueno, hay otros espacios en Madrid dedicados a la cultura no tan elitistas y de los que hablaré en algún momento, supongo.

  Hablando de las bellas artes y la cultura y aprovechando que hubo elecciones legislativas, para gobernar este país hace apenas unos días, decir que me sorprendió que ninguno de los partidos que se presentaban a las mismas, desde los más rancios a los más supuestamente progresistas, hicieran, una o ninguna, referencia al tema cultural, por eso imagino, que estos señores que se presentaban a las elecciones pensaran que un país sin cultura debe de ser mucho más fácil de gobernar.

29 diciembre 2015

Príncipe Pío

  Lo que significa este espacio podría ser un reflejo de lo que somos hoy en día como sociedad. Antaño era la principal estación de trenes de la ciudad, conocida como Estación del Norte, de donde partían trenes de gran recorrido, espacio de grandes perspectivas y sueños, lugar de encuentro y despedida. Estación que olía a viaje y aventura, hoy es lugar de encuentro y aventura de la línea 6 y 10 del metro de Madrid,  de los trenes de cercanías y de los autobuses que van y vienen a Alcorcón y Móstoles, y para reposar y aderezar tan intensas emociones con destino a tan exóticos lugares, tenemos allí un gran Centro Comercial donde apagar nuestros anhelos de conquista y viaje comprándonos un par de zapatos que luego luciremos en nuestro tren de cercanías destino Fuenlabrada.

  Esta es la mirada reducida de una gran ciudad, vas y vienes y mientras tanto compras, eso sí, sin tampoco ir muy lejos, cuanto más lejos vayas y por más lugares pases más aprendes y conoces, pero eso no es nada bueno.

  Hoy todo se reduce a un origen y a un destino, cuanto más rápido mejor, esa es la vida actual, la prisa por salir, la prisa por llegar, sin percatarnos ni importarnos del recorrido que realizamos, de una estación de tren a otra, de un aeropuerto a otro, autopistas que no pasan por ningún pueblo o ciudad, vas y vienes y mientras tanto compras, pero ni ves ni sabes.

  Y ya que en Príncipe Pío existen también salas de cine, aportaré un dato ciertamente preocupante, las películas más taquilleras de 2015 son Jurassic World, Star Wars episodio VII y Ocho apellidos catalanes, todas copias, puras y duras, de películas anteriores, sin comentarios.


Nota: dedicado a todos aquellos que a las diez de la noche tenemos que esperar 15 minutos a que pase nuestro tren, metro o autobús y no tenemos un euro que gastar en el Gran Centro Comercial.

23 diciembre 2015

Plaza de Castilla

  Realmente no quiero hablar de la Plaza de Castilla, final del Paseo de la Castellana y salida norte de Madrid, tampoco quiero hablar del arquitecto que construyó un palitroque (obelisco creo que es la palabra correcta) dorado que no aparece  en la fotografía por dar hasta vergüenza, ni del coste que supuso para los madrileños, y mucho menos voy a opinar de su estética, pero como dato, decir que los juzgados de instrucción nº1 están en esta misma plaza y donde perfectamente podían haber acabado arquitecto, palitroque  e impulsores de tal proyecto.
  
  De lo que realmente quiero hablar es del destrozo que provocó, no sólo en Madrid, sino en España entera también, una entidad ubicada en esta plaza de la cual no diré el nombre porque es totalmente innecesario y bien visible está.

  El destrozo que provocó esta institución me recuerda a una película cuyo título no sé muy bien cuál es, en la que cuatro tipos estaban comiendo en un restaurante tomándose un centollo cada uno, caviar, dos docenas de ostras y otra de langostinos de Vinaròs para compartir, después arroz con bogavante de unos dos kilos, todo ello regado con varias botellas de champagne Krug en la comida y otras tantas de whisky Ardbeg para después del café. Terminada la comida se fueron sin pagar, no sin antes robar a todos los que estaban allí y la recaudación del restaurante. Cuando llegó la policía y el juez, tomaron una decisión sorprendente, decidieron que  la comida de estos cuatro y lo que habían robado al restaurante, debían pagarlo todos los que se encontraban comiendo allí. Días más tarde se supo que los cuatro delincuentes eran los dueños del restaurante, pero como ya se había dictado sentencia no pasó nada, es más, al correrse la voz de lo que allí había ocurrido, los dueños de otros cuantos restaurantes utilizaron el mismo sistema con el mismo éxito constatado.

Nota: Ahora que lo pienso bien, no sé si esto pasó realmente en una película o no.

21 diciembre 2015

Plaza de España

  Yo creo que debe de haber una confabulación en Madrid, para que las grandes plazas no sean lugar de confluencia, sino de paso, no sé por qué motivo a alguien no le gusta que los madrileños nos sentemos en una plaza a disfrutar de ella, así que no me extraña que a Don Quijote y a Sancho les hayan puesto en dirección salida de la ciudad en busca de algún sitio acogedor donde sentarse a descansar,  charlar y preparar su lucha contra las hordas azules del mal, hordas que por mucho que se les combata, siempre están aquí dando por ahí.

  Cambiando de tema, un día pasaba por esta plaza cuando un numeroso grupo de turistas se acercó a mí pidiéndome que les hiciera una foto, yo accedí encantado. El grupo lo formaban unas diecisiete o veintidós personas, cuando les dije que posaran para la susodicha foto, uno se quedó junto a mí, yo me quedé extrañado y le dije que se pusiera junto al grupo, pero dijo que no, cuando terminé la foto, se acercó otro integrante del grupo y se puso junto a mí, mientras que el que antes estaba a mi lado se unió a los fotografiados, esto lo hicieron unas cuatro o cinco veces. Cuando estuvieron ya seguros de que yo no me iba a escapar con la cámara, decidieron ponerse todos juntos para fotografiarse junto a la estatua del Quijote y Sancho con el edificio España de fondo, entonces hice un intento de salir corriendo con la cámara, ellos se asustaron y corrieron tras de mí, yo me paré y dije que era una broma, después de darme una paliza, entendieron que realmente era una broma. ¡Qué bien se lo habían pasado los jodidos! dejaron sus tarjetas arrojadas sobre mi barriga y dijeron que si algún día iba a Japón que les llamara, yo, tumbado en el suelo, oía sus risas mientras se alejaban.